Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

viernes, 18 de junio de 2010

N13




Mi buena relación con Barcelona se puede resumir en un bus nocturno y de número supersticioso, con pasajeros pálidos y etílicos con los que volvía a casa después de una farra (siempre sobrio) o de mis clases de violín que acababan en la rambla junto a algún colega de oficio con el que despotricar contra alumnos, padres y jefes. El barrio chino, siempre tan acogedor y seguro (y no digo esto con ironía) podía proporcionarte, en una misma noche, imágenes pictóricas del parís del Pastís, una cerveza en plena calle frente al mostrador/escaparate o el dulce olor de una diosa entrando en el garito de persianas cerradas, que abría a nuestra distinguida presencia un hombre que me recordaba a Charles Aznavour.

Nunca se repetían las caras en el N13, a excepción de los conductores y una señora con gafas como lupas y aspecto contrahecho y triste. A cualquier hora, cualquier día (incluso un martes) en el que la inercia me llevara al bus de la buena suerte, ella subía en Plaza España con su pelo de aluminio y el poso que dejan las huellas de tanto tiempo que pasa, sin vida. Era mi ángel protector. O Nacha Guevara en El lado oscuro del corazón, tanto da: Algunas noches no volvía solo y dos piernas livianas y de verano sobre las mías buscaban luego acomodo entre besos y cucarachas libres de alquiler.

A esa fauna, religiosamente, he vuelto en mi última estancia. Este viernes, después de tocar en un Club Vip de la Diagonal me fui al barrio: allí estaba Charles Aznavour abriéndome las puertas del paraíso. Todo en su sitio. Todo igual. Es decir, desordenado.

Y a la hora de retirarme, tentado estuve de subir al N13 (¿La veré en Plaza España?). Pero nadie me espera en mi antigua casa. Nadie, salvo esa idea de libertad destemplada y purgativa, la no acción de la tristeza, el rotor del semáforo en la madrugada.

Espero que alguien haga algo con esas cucarachas.

lunes, 17 de mayo de 2010

BENEDETTI, esa búsqueda

Un año después,
sigo sin encontrar
su paradero. Supongo que estará
en el burdel de El lado oscuro del corazón,
haciéndose pasar por marinero alemán y recitando
sus poemas frente a esa puta triste
que, desde entonces,
responde al nombre
de Humanidad.





Sueldo (De Poemas de la oficina, 1956)
Mario Benedetti

Aquella esperanza que cabía en un dedal,
aquella alta vereda junto al barro,
aquel ir y venir del sueño,
aquel horóscopo de un larguísimo viaje
y el larguísimo viaje con adioses y gente
y países de nieve y corazones
donde cada kilómetro es un cielo distinto,
aquella confianza desde no sé cuándo
aquel juramento hasta no sé dónde,
aquella cruzada hacia no sé qué,
ese aquél que uno hubiera podido ser,
con otro ritmo y alguna lotería,
en fin, para decirlo de una vez por todas,
aquella esperanza que cabía en un dedal
evidentemente no cabe en este sobre
con sucios papeles de tantas manos sucias
que me pagan, es lógico, en cada veintinueve
por tener los libros rubricados al día
y dejar que la vida transcurra,
gotee simplemente
como un aceite rancio.

viernes, 30 de abril de 2010

GASPARINO ESTUVO AQUÍ

Su rostro
tallado en infinitos gestos,
asoma de un barro de siglos.

Sus ojos
poseen el vacío
de todo lo que vieron.
Hablan
del poso del tiempo.

Su boca
bosteza felicidad
y piezas de desguace.

Si tengo sueño, duermo.
Si tengo sed, bebo.


Porque es feliz.
Sencillo.
Completo.

Lo sabe.

Lo dicen sus manos
en el viento.

dibujo de Francisco Sanjuán.





martes, 13 de abril de 2010

CONTÉN HEDOR

«Hay que bajar la basura», dice una voz
a lo lejos, mezclada
con el tintineo de los cubiertos
en el fregadero.
Y tú, como un mal menor,
vacías el negro contenido
de un cenicero
y aparcas la bolsa junto a la puerta
mientras buscas otro cigarrillo
y te pones los zapatos
y el abrigo.

La noche
no te contempla.
No te reconoce.

Lanzas, cerrada,
la basura del día
pensando que de la otra
no te podrás librar
tan fácilmente.