Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

jueves, 9 de abril de 2020

Pandemia y cultura




Queridos todos: Nuestro sector estaba tocado y ahora seremos los últimos en volver a nuestro estado antes de la pandemia, que era la precariedad absoluta. No somos gente que se regodee en la miseria, por eso seguimos pese a todo. Lo que sí os pido es que no contactéis para hacer conciertos gratuitos. Al menos, dejadnos que lo hagamos si nos apetece, sin más. Después de esto, si os gusta y necesitáis lo que hacemos, llenad teatros y conciertos, esa es la única forma de apoyarnos, porque la mayoría tiene que sobrevivir en este limbo del capitalismo a pesar de ellos. Si se ha elegido esta forma de vida por la mayoría votante, nosotros nos adaptamos a todo, pero llenad de capital nuestros bolsillos. Y si no somos necesarios, no pasa nada, seguid en la pelea de opiniones políticas y periodísticas surrealistas —supongo que eso también es espectáculo y entra más fácil que leer un libro o pensar— pero no acudáis al arte cuando nos vamos todos a la mierda.  ¿O sí? Bueno, haced lo que queráis.
Gracias.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Rafael Amor, en el camino

Hoy nos ha dejado Rafael Amor y eso duele. Gracias a su manera de caminar por la vida, hoy disfrutamos de una ventana abierta para que este mundo se ventile un poco. Nos deja locos de la vía, canillas del patio, enamorados... y más libres de corazón.

Escuchad sus canciones y cantadlas en cualquier momento y lugar para que otros las conozcan, las descubran, las hagan suyas, con Amor.

Gracias, Rafael, por compartir escenario y canciones conmigo. Seguimos en el camino.



miércoles, 22 de mayo de 2019

PERSEGUIDO

Ayer, mi hijo -que cumple doce años en breve- buscó en su tablet vía youtube una obra musical que escuchó alguna vez cuando tenía dos o tres años. Yo no sabía qué estaba haciendo, como es propio de un padre multitareas. Preparaba la comida mientras fregaba los platos y, de repente, escucho las terceras con las que empieza la guitarra de El payador perseguido. Me puse a llorar, como es lógico.


Todos mis viajes, escenarios, risas, grandes artistas desconocidos, se me amontonaron detrás de los ojos aplaudiendo este gesto simple -sin importancia, dirán algunos- que compensa cualquier otra cosa. Una vida, por ejemplo.