Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

martes, 28 de septiembre de 2010

Estoy acostumbrado

Ésta es, sin duda,
la mejor mesa:
Junto a la ventana.

Frente a mí,
un espejo en la pared
a modo de retrovisor
me dice cuándo viene.

La espero.

Estoy acostumbrado a esperar
y hacer ver que no lo hago.

También a los días grises
en bares como éste
y el mismo café
en distintos vasos.
A la vendimia nimia de las horas
y la ropa colgando.
A la rima fácil
de mi nombre y apellido
-me recuerda que no quiero
seguir rimando-.

Un momento.

Viene alguien.

No.
No es ella.

Lástima.

Ésta estaba más buena.



Foto: Vicente Llorente, en el lugar exacto del poema.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Gárgolas sin vacaciones

Dos poemas para una ilustración de Cristina Zafra, artista total. Forma parte de 13, exposición monográfica que se ha inaugurado hoy mismo en issimm sala d'art, en Cardona. En el programa lo presentan así:
13 es una exposición en forma de viaje, el viaje de 13 personajes en busca de canción, de historia, de movimiento. La exposición, que nos muestra unos dibujos hechos con tinta china y aerógrafo sobre papel, es el punto de partida de un viaje que se hace a través de la colaboración de escritores, músicos y bailarines. Estos dan vida y movimiento a personajes nacidos en blanco y negro, y se explican a través de la visión de diferentes disciplinas.

Hasta noviembre podrás disfrutarlo.

Beso, Cris.



martes, 13 de julio de 2010

LA VIDA EN REDONDO





Papá
cuando yo sea mayor
podré cambiar esa bombilla
que cuelga del techo.

Y cuando tú seas pequeño
me pedirás
que te la cambie.

Y jugarás de nuevo.




Vicente Llorente
Premio Vídeo-poema filMO LABoral 2010

viernes, 18 de junio de 2010

N13




Mi buena relación con Barcelona se puede resumir en un bus nocturno y de número supersticioso, con pasajeros pálidos y etílicos con los que volvía a casa después de una farra (siempre sobrio) o de mis clases de violín que acababan en la rambla junto a algún colega de oficio con el que despotricar contra alumnos, padres y jefes. El barrio chino, siempre tan acogedor y seguro (y no digo esto con ironía) podía proporcionarte, en una misma noche, imágenes pictóricas del parís del Pastís, una cerveza en plena calle frente al mostrador/escaparate o el dulce olor de una diosa entrando en el garito de persianas cerradas, que abría a nuestra distinguida presencia un hombre que me recordaba a Charles Aznavour.

Nunca se repetían las caras en el N13, a excepción de los conductores y una señora con gafas como lupas y aspecto contrahecho y triste. A cualquier hora, cualquier día (incluso un martes) en el que la inercia me llevara al bus de la buena suerte, ella subía en Plaza España con su pelo de aluminio y el poso que dejan las huellas de tanto tiempo que pasa, sin vida. Era mi ángel protector. O Nacha Guevara en El lado oscuro del corazón, tanto da: Algunas noches no volvía solo y dos piernas livianas y de verano sobre las mías buscaban luego acomodo entre besos y cucarachas libres de alquiler.

A esa fauna, religiosamente, he vuelto en mi última estancia. Este viernes, después de tocar en un Club Vip de la Diagonal me fui al barrio: allí estaba Charles Aznavour abriéndome las puertas del paraíso. Todo en su sitio. Todo igual. Es decir, desordenado.

Y a la hora de retirarme, tentado estuve de subir al N13 (¿La veré en Plaza España?). Pero nadie me espera en mi antigua casa. Nadie, salvo esa idea de libertad destemplada y purgativa, la no acción de la tristeza, el rotor del semáforo en la madrugada.

Espero que alguien haga algo con esas cucarachas.