Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

martes 13 de julio de 2010

LA VIDA EN REDONDO

(Feria del Libro de Alicante 2010)




Papá
cuando yo sea mayor
podré cambiar esa bombilla
que cuelga del techo.

Y cuando tú seas pequeño
me pedirás
que te la cambie.

Y jugarás de nuevo.

viernes 18 de junio de 2010

N13




Mi buena relación con Barcelona se puede resumir en un bus nocturno y de número supersticioso, con pasajeros pálidos y etílicos con los que volvía a casa después de una farra (siempre sobrio) o de mis clases de violín que acababan en la rambla junto a algún colega de oficio con el que despotricar contra alumnos, padres y jefes. El barrio chino, siempre tan acogedor y seguro (y no digo esto con ironía) podía proporcionarte, en una misma noche, imágenes pictóricas del parís del Pastís, una cerveza en plena calle frente al mostrador/escaparate o el dulce olor de una diosa entrando en el garito de persianas cerradas, que abría a nuestra distinguida presencia un hombre que me recordaba a Charles Aznavour.

Nunca se repetían las caras en el N13, a excepción de los conductores y una señora con gafas como lupas y aspecto contrahecho y triste. A cualquier hora, cualquier día (incluso un martes) en el que la inercia me llevara al bus de la buena suerte, ella subía en Plaza España con su pelo de aluminio y el poso que dejan las huellas de tanto tiempo que pasa, sin vida. Era mi ángel protector. O Nacha Guevara en El lado oscuro del corazón, tanto da: Algunas noches no volvía solo y dos piernas livianas y de verano sobre las mías buscaban luego acomodo entre besos y cucarachas libres de alquiler.

A esa fauna, religiosamente, he vuelto en mi última estancia. Este viernes, después de tocar en un Club Vip de la Diagonal me fui al barrio: allí estaba Charles Aznavour abriéndome las puertas del paraíso. Todo en su sitio. Todo igual. Es decir, desordenado.

Y a la hora de retirarme, tentado estuve de subir al N13 (¿La veré en Plaza España?). Pero nadie me espera en mi antigua casa. Nadie, salvo esa idea de libertad destemplada y purgativa, la no acción de la tristeza, el rotor del semáforo en la madrugada.

Espero que alguien haga algo con esas cucarachas.

lunes 17 de mayo de 2010

BENEDETTI, esa búsqueda

Un año después,
sigo sin encontrar
su paradero. Supongo que estará
en el burdel de El lado oscuro del corazón,
haciéndose pasar por marinero alemán y recitando
sus poemas frente a esa puta triste
que, desde entonces,
responde al nombre
de Humanidad.





Sueldo (De Poemas de la oficina, 1956)
Mario Benedetti

Aquella esperanza que cabía en un dedal,
aquella alta vereda junto al barro,
aquel ir y venir del sueño,
aquel horóscopo de un larguísimo viaje
y el larguísimo viaje con adioses y gente
y países de nieve y corazones
donde cada kilómetro es un cielo distinto,
aquella confianza desde no sé cuándo
aquel juramento hasta no sé dónde,
aquella cruzada hacia no sé qué,
ese aquél que uno hubiera podido ser,
con otro ritmo y alguna lotería,
en fin, para decirlo de una vez por todas,
aquella esperanza que cabía en un dedal
evidentemente no cabe en este sobre
con sucios papeles de tantas manos sucias
que me pagan, es lógico, en cada veintinueve
por tener los libros rubricados al día
y dejar que la vida transcurra,
gotee simplemente
como un aceite rancio.

sábado 15 de mayo de 2010

DÉJAME SER

Por las mañanas intentas entrar desde el sueño a este lado. A veces, ni con dos cafés lo consigues. Y ya, para qué. Dejas ir al día y le sueltas la mano. Comes algo y te enteras por la tele que vives en un mundo de mierda. Algo sospechabas. A la tarde, si tus múltiples ocupaciones vacuas y alimenticias te lo permiten, piensas en los que no están, y ves por todos lados. Han ido vertiendo señales como piedras preciosas bajo las rocas. Te las han pintado. Tienes un mimbre lleno de ellas en casa. Y la imagen de una línea gris sobre el cuero blanco cortado a fleje. Cuentos infantiles sonando en la aguja de la memoria, que es laguna seca de alquitrán, al fin y al cabo.

No suelen herirte estas cosas, pero tampoco son motivo de euforia. No son nada, y eso es lo que te jode. Que alguien, en algún lugar, está violando tu sueño.

No has perdido este día. No tienes suerte ni para eso. Mañana le tenderás la mano, como hoy. Después, abrirás los dedos para que se marche, despacio, con la vana esperanza de que no regrese más. Y así otros tantos. Siempre iguales pero cada vez menos parecidos a eso que llaman vida.

No es una prueba. No hay nada que superar. Ya dije en algún sitio, y sonriendo, que el suicidio, si se hace bien, debe ser una experiencia irrepetible. Si decides marcharte, y ves al dios que no existe, le partes la cara de mi parte. Pero si consigues salir de ésta, y te quedas rondando la vida… quiero que sepas por qué todavía creo en el hombre. En el ser humano. En esa emoción de hambre vívida que se obstina una y otra vez en derramar esperanza, fiebre tímida, burbujeante, por los ojos.

Por esto que vas a ver, entre otras cosas, merece la pena y la alegría. Sentir. Ser.


video

viernes 30 de abril de 2010

GASPARINO ESTUVO AQUÍ

Su rostro
tallado en infinitos gestos,
asoma de un barro de siglos.

Sus ojos
poseen el vacío
de todo lo que vieron.
Hablan
del poso del tiempo.

Su boca
bosteza felicidad
y piezas de desguace.

Si tengo sueño, duermo.
Si tengo sed, bebo.


Porque es feliz.
Sencillo.
Completo.

Lo sabe.

Lo dicen sus manos
en el viento.



dibujo de Francisco Sanjuán.

martes 13 de abril de 2010

CONTÉN HEDOR

«Hay que bajar la basura», dice una voz
a lo lejos, mezclada
con el tintineo de los cubiertos
en el fregadero.
Y tú, como un mal menor,
vacías el negro contenido
de un cenicero
y aparcas la bolsa junto a la puerta
mientras buscas otro cigarrillo
y te pones los zapatos
y el abrigo.

La noche
no te contempla.
No te reconoce.

Lanzas, cerrada,
la basura del día
pensando que de la otra
no te podrás librar
tan fácilmente.

miércoles 31 de marzo de 2010

PERIFERIAS 5

"Esteban es un hombre taciturno, reservado y epiléptico, que se entretiene fantaseando sobre crímenes perfectos y atracos milimétricamente planificados, que nunca se anima a concretar."

Ese es el punto de partida de esta película y mejor que no sepáis nada más sobre ella antes de verla.

El Aura (Fabián Bielinsky, 2005) no se mide por tiempo, sino por intensidad. Si el ritmo es lento en ocasiones, es intencionado. Igual que Darín parece no hacer nada en este papel, y realmente es uno de los más complejos de su excelente carrera. La contención es difícil para un actor y Darín eso lo borda. Y el guión, in crescendo, exige una complicidad con la historia porque el director nos considera interlocutores válidos, inteligentes.
No me culpéis si luego no os gusta, pero a mí me atrapó desde el inicio. Y no por inteligente, sino porque me quise creer lo que veía. La tensión acumulada en los ojos del protagonista.
Una lástima que Bielinsky muriera poco después de hacer esta película, la segunda como director y guionista. Con Nueve reinas nos dijo que sabía escribir y dirigir. Con El Aura lo confirmó, aunque no tuvo tanta repercusión como la primera. Por eso la dejo aquí, en mis Periferias.




El Aura (Argentina, 2005)
Guión y dirección: Fabián Bielinsky.
con Ricardo Darín, Dolores Fonzi...
Música: Lucio Godoy.
Fotografía: Checco Varese.

miércoles 24 de marzo de 2010

Alejandro Jodorowsky presenta Poesía sin fin en Madrid y Barcelona

Para todos aquellos que les gusten las sorpresas, una faceta poco conocida de Alejandro Jodorowsky y (según él mismo) la que mejor le define: La poesía.
Viene a España a presentar su nuevo libro, Poesía sin fin (editorial Huacanamo, 2009) en el ámbito cultural de El Corte Inglés de Madrid (25 de marzo) y Barcelona (26 de marzo).

Os dejo con un vídeo promocional del libro que realizó AZ y al que yo le puse la música original.
No podré ir, así que, a ver si me cuenta alguien cómo ha ido...

lunes 22 de marzo de 2010

Esta primavera



La primavera se demora tanto
que voy a olvidar que estuvo ayer,
cuando regrese su emoción de árbol
no me acordaré de florecer.

Confundiré tus senos con su trino
y en vez de cantar te besaré
tu cuerpo me parecerá un suicidio
y de fecundarlo moriré.

Jamás sabré si soy dichoso
si maravilloso o si terrible,
y no sabré lo que termina
o recién camina o lo imposible.

Esta primavera puede hacerme enloquecer.


Letra, música, voz: Silvio Rodríguez
Álbum: Mariposas (1999)
Guitarras: Rey Guerra y Silvio Rodríguez

viernes 5 de marzo de 2010

Por la calle de Zelmar




Hice una canción a esta calle, sin haberla conocido. Ahora estoy en ella. Hay un teatro. Para ser como me la imaginé le faltaría un burdel, cortinas rojas y al menos una prostituta semivestida, leyendo un libro de poemas. Por lo demás, cubre sobradamente mis espectativas. Todo en Montevideo supera mi ficción, basada en hechos reales, cuando escribí:
Y allá
en las tristes aceras donde aparca el olvido
la luna, gigante de espuma, se cubre de oro
recién nacido. Mientras, ella, fumando mate
de amor florecido guarda,
además de unas copas mecidas por los tangos
y un crucifijo,
aquél libro de poemas que lee
bajo el mismo baño de sangre
cada noche,
hasta que la mentira da un portazo
con el alba
y una estrella
perdida
le devuelve su sombra:
Aquella que esperaba
su vuelta al doblar
la esquina.
No encuentro mejor manera de bailar las penas que hacer canciones. Rubén Blades dice en una: “cada pueblo tiene por lo menos un loco”. La calle de Zelmar también tiene el suyo. Un hombre con barba, medio calvo, una cifosis considerable, caminando a base de estertores eléctricos. Apoya su hombro en la ventana del bar San Rafael. Cada poco, se da la vuelta como si alguien lo llamara. Vuelve a su posición con los brazos detrás de la espalda, sujetando con una mano la muñeca de la otra.

He pasado toda la tarde con un café con leche y un helado de chocolate, observando sus movimientos. Cuando los clientes de la terraza se marchaban, tomaba el plato de las propinas y lo vaciaba en su bolsillo, bajo la mirada de los camareros, que reían. Deben conocerse desde hace mucho. Además, estos camareros son de oficio. Ya no se ven así en España.

Ya está anocheciendo en el verano austral donde las estrellas no son las mismas que vemos en la vieja Europa. Pero los locos, por suerte, son universales.

En la puerta del Hotel Balfer espera que un cliente le de la cena envuelta en papel. Se sienta en un portal (sospecho que es su salón) y deglute con aspavientos. Luego tira el papel a la basura y sigue moviéndose por su calle, guardando que todos los rincones sigan en su sitio.

No he podido averiguar su nombre. ¡Qué más da! Lo define mejor el hecho de sentirse libre en su locura, como el que deambulaba por la plaza de Cinema Paradiso o aquél que escribe sus poemas desde el manicomio de Gran Canaria: otro mito discretísimo -que diría Hortensia- como Zelmar o Mario, cuya locura salvará (si no lo ha hecho ya) el mundo.


Montevideo, 27 febrero 2009.
Bar San Rafael