El camino más largo. ALBUM

Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

lunes, 11 de octubre de 2010

Inmensamente, Llorendal

Foto: Vicente Llorente

Es un parpadeo la vida. También lo es el baile orquestado de estas luces que anuncian el mayor y más grande espectáculo del mundo. El más difícil todavía. La ilusión, no exenta de cierto patetismo, del circo que agoniza. Bajo la carpa, en la pista central (y única) giran y saltan cuerpos perfectos en una orgía de polvo y boca abierta, con gradas vacías que ocupan ojos húmedos y brillantes como las luces que gotean en la puerta. Los animales exóticos de otros tiempos, la última cabriola del oso enfermo, el aspaviento funámbulo y servil del camello, el cocodrilo y otros actores de los documentales de televisión, se perderán en el barrizal donde el circo clásico quedó atrapado. Soy consciente de estar presenciando el más difícil todavía por última vez. Y no conozco mejor y más digna metáfora de la vida que este oficio. Por eso llevé a mi hijo, precisamente hoy, al mayor y más grande espectáculo del mundo. Por eso, y porque quiere ser payaso. Ya ejerce en casa haciéndome reír con sus gestos. Soy la red de sus falsas caídas al vacío, de su salto no mortal (no, por favor, una tregua pido), de su deambular pequeño por el pasillo y su mágica luz de tres años.

Él es un circo. Salta a la vista. Por eso, sabiendo que un día caeremos definitivamente, sabiendo todos que esa es nuestra certeza, no dejamos de saltar a la vida. Por eso fuimos, precisamente hoy, al mayor y más grande espectáculo del mundo. Hoy, a tres días de la muerte de mi padre, he comido palomitas de maíz con mi hijo y su baile de ojos saltimbanquis: espejos rotos de payasos que, para evitar castigo o preservar recuerdos, imitan el reflejo al otro lado.




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Pajarita con billete bus, Llorendal.





 

 


Silla madera y trenzado piel, Llorendal








Esterilla de esparto, Llorendal


Acróstico-soneto sobre corteza de chopo, Llorendal
José Llorente Vidal,
Llorendal
(1931-2010)

9 comentarios:

Saray Pavón dijo...

La muerte y la vida siempre van de la mano. Es mejor que mientras estamos respirando pensemos en los buenos momentos, nos quedemos con esos instantes de palomitas y sonrisas y disfrutemos. La muerte, en lugar de para llorar y sentirnos mal, nos debía servir para vivir más intensamente.

Un beso.

Sacra dijo...

Inmensamente vida... siempre.
Te quiero, compañero, tanto en los versos de amor vivo como en los de amor yacente.
Un abrazo siempre...

bea dijo...

No suelo escribir en estos casos, el silencio se apodera de mí, no fui capaz de dejar una última nota por ti el día que nos despedimos. Hoy quiero decir, solo quiero decir, que a tu lado he sido feliz.

Susanna dijo...

Una bonita manera de sentir, de contar. De vivir y amar.
besos y abrazos

samsa dijo...

mi mas sincera enhorabuena por el texto Vicente, me ha "extremecido", y ves bien cunado lo lees con equis, porque con ese, se queda bastante lejos..., felicidades coño!!!

silente dijo...

Gracias a todos. Siempre estáis ahí... y se nota.

Samsa, me gusta tu hallazgo: "eXtremecido".
Lo mismo me pasa con vuestros mensajes.

Gracias otra vez, y otra vez...y uno por uno.

Katacroker dijo...

Un abrazo de un payaso, hoy sin sonrisa.

cleopatra dijo...

Un...enorme...beso.

(Nunca...los...corazones...dejan...de...latir)

(F)

Lucía dijo...

Como bien comparas , la vida es un circo .Y mientras el espectáculo transcurre todo parece eterno,hasta que un hombre de traje negro te dice " y para finalizar la función..."
Y es entonces cuando recuerdas que todo se acaba.